Una noche de lluvia, un hombre iba caminando por la acera del malecón, brillaba la luna y el rose de la brisa por su mejilla, le hacia recordar más la ausencia de ella.
Ya había pasado mucho tiempo desde su partida y el azul de cada noche le decía que ya no volvería, la maquina de sus sueños se averió y el mosco de su corazón de a poquitos se murió.

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