sábado, 23 de enero de 2010

Testimonio 2007

Buenos días, excelentísimo monseñor Salvador, mi nombre es Mariana Frías.
Siempre me pregunte que era realmente la felicidad, muchas personas me decían que ser feliz era tener dinero, otras, teniendo una vida q no era coherente para mi, y por último me decían que la felicidad estaba en el amor, pero de que amor me estaban hablando, acaso era el mismo amor que yo buscaba…
Por eso decidí inscribirme en la confirmación, quería responder mis dudas, quería buscar lo q tanta falta me hacia y encontrar algo que me haga plenamente feliz.

Vivimos en un mundo que busca erradamente y parece haber olvidado que Cristo es la respuesta a nuestras preguntas mas profundas.
Eso fue lo que aprendí en mi primera charla, me di cuenta que el mundo estaba lleno de basura, que el mundo estaba en crisis y q la única forma de cambiarlo era cambiar yo, cambiar yo para que las demás personas tengan la valentía de cambiar conmigo, de ser personas de bien, de tener a Dios en su corazón.

Me estaba proponiendo algo que no era fácil, pero tampoco imposible, yo quería ser feliz y estaba dispuesta a hacer todo lo posible para lograrlo.
Yo sabía que cada sábado que iba a las reuniones de preparación era una oportunidad para resolver las miles de preguntas que tenía, compartir con mis amigos experiencias nuevas y conocer cada vez más al Señor Jesús.

Todo esto fue mas intenso en el retiro, porque me di cuenta del gran amor que tiene el señor por mí, por todas las chicas que estaban a mi lado y por las personas que nos guiaron en ese momento. En realidad pude darme cuenta de todo lo que el Señor ha hecho por nosotros y eso me ayudo a reflexionar sobre lo exigente que es ser fiel en mi vida cristiana.
También veía como cada una de mis amigas se encontraba con el señor de la misma forma que yo y esto hacia q nuestra amistad sea cada vez mas verdadera.

Cuando regrese yo podía afirmar que me había encontrado con el Señor, las pocas preguntas que tenía, quedaron resueltas, descubrí que el Señor me llamaba a que lo siga…
A partir de eso me puse medios concretos para responder al llamado del Señor, como perseverar en mis visitas al Hospital del Niño, donde los niños me enseñaron a valorar mas las cosas cotidianas. Y a la vez yo aprendí a compartir la alegría y esperanza que solo nos da el Señor.

Ahora que termino la preparación para la confirmación, empieza una larga lucha para ser coherente y perseverar en mi vida cristiana junto a mis verdaderos amigos, mis amigos en el Señor.

Quisiera agradecer a mis padres, al Movimiento de Vida Cristiana y a mis amigos por apoyarme en todo este tiempo de preparación.
Agradezco de manera especial al Señor por permitirnos estar reunidos hoy y por todas las experiencias que hemos compartido, a Santa María por protegernos y guiar nuestro camino en todo momento.




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